Hay un silencio que preocupa más que cualquier derrota. No es el que invade un estadio cuando termina un partido. Es el que aparece cuando una institución deja de explicar lo que está haciendo. Ese es el silencio que hoy rodea a los Camaroneros de Escuinapa, un equipo que hace apenas unos meses levantaba el campeonato de la Liga Regional y que hoy parece navegar sin rumbo definido, mientras la incertidumbre crece entre la afición y los propios protagonistas del fútbol escuinapense.
El éxodo de jugadores, al parecer, ha terminado. El saldo no deja de ser preocupante. Seis futbolistas que formaron parte del plantel campeón ya no defenderán la camiseta de Camaroneros. A ellos se suma la salida de Enrique Cortés, el director técnico que condujo al equipo hasta el título regional y que, además, viene de conquistar la Liga y la Copa de la Primera Fuerza de Escuinapa. Cuando un campeón pierde en unas cuantas horas a buena parte de la columna vertebral que le dio identidad, lo natural sería que la directiva saliera a tranquilizar a la afición, explicara el proyecto y mostrara el camino que pretende seguir. Aquí ha ocurrido exactamente lo contrario.
Las reacciones de los aficionados también dicen mucho sobre el momento que vive el equipo. La mayoría ha mostrado respaldo hacia los jugadores que decidieron marcharse. Son pocos quienes consideran que estas salidas pueden representar una oportunidad para futbolistas que durante años esperaron una posibilidad de demostrar su calidad. Esa postura tampoco es equivocada. El fútbol necesita renovación y siempre habrá jóvenes esperando una oportunidad. Sin embargo, las oportunidades deben formar parte de un proyecto deportivo, no ser consecuencia de una crisis institucional. Son dos cosas completamente distintas.
Lo que más llama la atención es que, hasta este momento, la administración de Camaroneros ha sido incapaz de informar quiénes son los jugadores que permanecerán en el equipo. Puede haber muchas explicaciones. Tal vez ni siquiera han terminado de hablar con ellos. Tal vez varios futbolistas decidieron no aceptar la invitación para continuar. O quizá, y sinceramente espero que así sea, simplemente están trabajando con discreción para presentar un plantel mucho más competitivo del que todos imaginan. Ojalá sea esa la respuesta, porque cualquier otra explicación reflejaría una preocupante falta de planeación para un equipo que está obligado a defender un campeonato.
Lo que sí parece cada vez más evidente es que quienes hoy administran el proyecto han confundido prioridades. En lugar de hablar de fútbol, de refuerzos, de objetivos o de un proyecto deportivo, la conversación gira alrededor de nombres, decisiones administrativas y movimientos que poco tienen que ver con lo que ocurre dentro de la cancha. La percepción que existe entre muchos jugadores es todavía más delicada. Varios de ellos han manifestado públicamente que no están dispuestos a jugar con Escuinapa bajo las condiciones actuales. Cuando un futbolista prefiere marcharse de un equipo campeón antes que permanecer en él, vale la pena preguntarse qué está ocurriendo puertas adentro.
Y si el panorama ya era complicado, hay un detalle que termina por alimentar todas las dudas. A pocos días del inicio de la temporada, Camaroneros sigue sin confirmar oficialmente quién será su director técnico. Resulta difícil entender cómo un equipo que perdió al entrenador campeón todavía no tiene, al menos de manera pública, a la persona que encabezará el nuevo proyecto. En cualquier institución seria, el entrenador es quien participa en la conformación del plantel, define perfiles, propone incorporaciones y establece una idea futbolística. Aquí pareciera que esa pieza sigue faltando, o al menos nadie ha considerado importante informar quién ocupará ese lugar.
Entonces la pregunta surge de manera inevitable. ¿La administración aún no anuncia al nuevo entrenador porque está afinando los últimos detalles? ¿O la realidad es que nadie quiere asumir el reto de dirigir a unos Camaroneros que llegan debilitados, divididos y envueltos en una polémica que nunca debió existir? El silencio, una vez más, alimenta todas las versiones.
Camaroneros todavía tiene tiempo para cambiar la narrativa. El prestigio deportivo no desaparece de un día para otro y el título conquistado en la cancha seguirá siendo parte de la historia del club. Pero los campeonatos no son eternos. También necesitan ser defendidos con organización, liderazgo y decisiones inteligentes. Hoy el principal rival del campeón no parece estar en Rosario, en Mazatlán o en cualquiera de las plazas de la Liga Regional. Hoy el rival más peligroso parece encontrarse dentro de la propia institución.
Porque los equipos no empiezan a perder cuando reciben el primer gol.
Empiezan a perder cuando dejan de transmitir confianza.
Y en este momento, más allá de los seis jugadores que se fueron y del entrenador que decidió dar un paso al costado, lo que verdaderamente parece estar escapándose de Camaroneros es algo mucho más difícil de recuperar.
La credibilidad.




Deja un comentario