Hay victorias que valen tres puntos y hay victorias que, además, empiezan a devolverle algo mucho más importante a un equipo de fútbol: la confianza. Camaroneros de Escuinapa salió de La Cruz de Elota con un 2-0 que, visto únicamente desde el marcador, podría parecer una victoria más en el calendario. Pero quienes vimos el resultado y conocemos el contexto sabemos que hay razones para mirar este triunfo con otros ojos. Después de todo lo que ocurrió durante la pretemporada, después de la salida de jugadores importantes, del cambio en el banquillo y de todas las dudas que rodearon al equipo, ganar de visita y hacerlo dejando la portería en cero tiene un valor especial.

Porque sí, el resultado cuenta. En el fútbol, al final, los puntos son los que mandan. Pero para este Camaroneros las formas cuentan todavía más. Y lo que mostró el equipo en La Cruz de Elota merece ser destacado. Mantener el cero ante una delantera como la que tiene Elota no es un detalle menor. Significa que la parte baja del equipo respondió, que hubo concentración y que los jugadores entendieron que no siempre es necesario jugar bonito para jugar bien. A veces el mejor fútbol comienza precisamente por saber defenderse, ocupar los espacios y no regalarle oportunidades al rival.

Y eso también habla del trabajo del cuerpo técnico. Después de tantas dudas alrededor de quién tomaría el timón del equipo, hoy Camaroneros mostró algo que quizá no habíamos visto con tanta claridad en los primeros días de este nuevo proyecto: orden. El equipo fue disciplinado tácticamente, supo competir como visitante y, sobre todo, no se descompuso. Parece sencillo, pero no lo es. Mucho menos para un plantel que todavía está construyendo nuevas sociedades y tratando de encontrar una identidad después de todos los movimientos que sufrió.

Hay algo más que me parece importante. Camaroneros no solamente ganó. Ganó de visita. Y eso cambia la lectura de lo que ha hecho en este arranque de temporada. Son dos partidos disputados y los dos lejos de casa. Primero llegó aquel empate que dejó buenas sensaciones y ahora aparece una victoria por 2-0. Un empate y un triunfo, cuatro puntos de seis posibles jugando como visitante. No es una campaña completa, por supuesto, pero tampoco es poca cosa para un equipo al que muchos daban por debilitado antes de comenzar.

Y aquí aparece la pregunta que seguramente ya se está haciendo buena parte de la afición: ¿son suficientes estos resultados para ilusionarnos?

Mi respuesta es sí, pero con los pies en la tierra.

Hay razones para ilusionarse, porque el equipo está respondiendo en circunstancias que no eran precisamente ideales. Hay razones para ilusionarse porque cuatro puntos de seis como visitante representan un comienzo positivo. Hay razones para ilusionarse porque la defensa acaba de conseguir algo que siempre da confianza: un partido sin recibir gol. Y hay razones para ilusionarse porque el equipo empieza a mostrar orden, disciplina y una idea colectiva que quizá hace unas semanas parecía difícil de construir.

Pero una cosa es ilusionarse y otra comenzar a repartir el campeonato en agosto.

El verdadero examen llegará cuando Camaroneros tenga que enfrentar partidos más complicados, cuando aparezcan las lesiones, las suspensiones, los momentos de presión y, sobre todo, cuando tenga que jugar en casa con una afición que seguramente estará esperando mucho más después de este arranque. Ahí sabremos si estamos frente a un equipo realmente competitivo o simplemente ante un buen comienzo. El fútbol tiene esa mala costumbre de recordarnos que dos partidos no construyen una temporada, pero también tiene la maravillosa capacidad de demostrar que los grandes proyectos pueden comenzar con pequeñas señales.

Y hoy las señales son buenas.

Quizá el mayor mérito de este Camaroneros sea que, después de todo el ruido que hubo alrededor del equipo, logró que nuevamente se hablara de fútbol. Ya no estamos hablando solamente de los jugadores que se fueron, de quién tomó las decisiones, de quién dirige o de las polémicas administrativas. Hoy estamos hablando de una victoria 2-0, de una defensa que no recibió gol, de un equipo ordenado y de una afición que comienza nuevamente a mirar la tabla con ilusión.

Eso, después de todo lo ocurrido, ya es una victoria importante.

Ahora viene lo complicado: sostenerlo.

Porque cuatro puntos de seis no garantizan absolutamente nada, pero sí permiten soñar. Y quizá eso era justamente lo que Camaroneros necesitaba después de semanas tan turbulentas: una razón para que su gente vuelva a creer.

Hoy la afición se ilusiona.

Y por ahora, creo que tiene todo el derecho de hacerlo.

Deja un comentario

Nuestros increíbles patrocinadores