En el deporte mexicano tenemos una costumbre.

Cuando aparece una figura capaz de competir contra los mejores del mundo, inmediatamente comenzamos a hablar de lo mismo.

Que se vaya.

Que cambie de equipo.

Que busque nuevos horizontes.

Que deje de ser escudero.

Que construya su propio camino.

Lo estamos viendo otra vez con Isaac del Toro.

Su extraordinario Tour de Francia ha provocado que muchos aficionados comiencen a preguntarse si no sería mejor abandonar UAE Team Emirates para convertirse en líder absoluto de otra escuadra.

Suena lógico.

Pero quizá sea una de las peores decisiones que podría tomar.

Porque el ciclismo no funciona como el fútbol.

No gana el que tiene al mejor jugador.

Gana el que tiene al mejor equipo.

Y hoy, guste o no, UAE Team Emirates es el mejor equipo del mundo.

Lo estamos viendo en este mismo Tour.

Mientras otros equipos luchan por mantenerse a flote, UAE controla carreras, impone ritmos, protege líderes y coloca corredores en los momentos decisivos.

No es casualidad que Tadej Pogacar domine el ciclismo moderno.

Tampoco es casualidad que Isaac del Toro haya explotado precisamente dentro de esa estructura.

Muchos olvidan algo fundamental.

Isaac apenas tiene 22 años.

Veintidós.

A esa edad ya fue subcampeón del Giro de Italia, ganó el UAE Tour, conquistó Tirreno-Adriático, es tercero del ranking mundial y pelea el podio del Tour de Francia.

La pregunta correcta no es cuándo debe abandonar UAE.

La pregunta correcta es cuánto más puede crecer dentro de UAE.

Porque actualmente comparte equipo con el mejor ciclista del planeta.

Y eso vale oro.

Cada entrenamiento.

Cada concentración.

Cada estrategia.

Cada conversación.

Cada kilómetro recorrido junto a Pogacar representa una universidad del ciclismo que ningún otro equipo puede ofrecer.

Los grandes campeones rara vez aparecen de la nada.

Normalmente se forman junto a otros campeones.

Pogacar lo entiende.

Los directivos de UAE también.

Por eso no sorprende que el equipo le renovara contrato hasta 2029 cuando apenas comenzaba a mostrar su potencial.

Ellos vieron algo antes que todos los demás.

Vieron al futuro.

Y hoy parece que tenían razón.

Además, existe otro factor que suele ignorarse.

En UAE no ven a Isaac como un simple gregario.

Ya le han entregado liderazgos importantes en carreras World Tour y el propio equipo ha apostado públicamente por su desarrollo como futuro referente.

Lo que está ocurriendo actualmente en el Tour es una prueba.

Sí, trabaja para Pogacar.

Pero también compite por el podio.

También pelea la clasificación de los jóvenes.

También gana etapas.

También construye su propio legado.

No son objetivos incompatibles.

Al contrario.

Son parte del proceso natural de crecimiento de cualquier futuro campeón.

La historia del ciclismo está llena de corredores que abandonaron demasiado pronto las estructuras que los hicieron grandes.

Y también está llena de campeones que supieron esperar.

Isaac no necesita salir corriendo para demostrar que puede ser líder.

Ya lo está demostrando.

Lo hace cada vez que aguanta junto a los mejores escaladores del mundo.

Lo hace cada vez que cruza la meta entre los primeros.

Lo hace cada vez que obliga a periodistas europeos a preguntarse si estamos viendo al próximo gran dominador de las grandes vueltas.

Por eso, si yo fuera Isaac del Toro, no tendría ninguna prisa.

Porque a veces el siguiente paso no consiste en cambiar de equipo.

A veces consiste en quedarse exactamente donde estás.

Aprender.

Crecer.

Esperar.

Y cuando llegue el momento adecuado, tomar el relevo.

Porque mientras muchos ven a Isaac como el compañero de Pogacar, dentro del pelotón cada vez son más los que empiezan a verlo como algo distinto.

Como el hombre llamado a sucederlo.

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