“nacidos bajo el signo del esférico” Los Fabulosos Cadillacs
El mundial de fútbol 2026 que se disputa en las tres sedes de Norteamérica; México, Estados Unidos y Canadá, ha llenado de colorido las calles mexicanas, no exentas de contradicciones como la violencia, los desaparecidos, las imposiciones mercantilistas, y el control territorial de las empresas extranjeras, y sin embargo, la pelota continúa.
Si de algo ha servido este mundial, no es para olvidar las penas y dolores padecidos socialmente por los enfrentamientos entre los grupos generadores de violencia y la institucional, sino para mirar hacia otro lado, cuando juega la selección mexicana, abriendo paréntesis donde el deporte asume como válvula de escape y entretenimiento ante tanto desorden e impotencia.
Mientras el imaginario colectivo se ilusionaba de la mano de los medios de comunicación, nuevamente México se queda en los octavos de final en un mundial donde fue sede hasta la eliminación sufrida por la selección inglesa.
Previo al inicio del mundial existían muchas dudas respecto al nivel futbolístico de los nuestros, quien escribe este texto, observaba las carencias que dejaba contra selecciones de nivel inferior donde el funcionamiento estratégico se diluía entre los resultados ajustados con una propuesta de juego aburrida.
Antes de hablar del partido definitorio con Inglaterra, haremos un recuento de la participación de la selección mexicana en los últimos certámenes mundiaistas:
Desde “Italia 90” sigo, como todo amante de este maravilloso deporte que aprendí a jugarlo en las calles, descalzo, con una pelota de hule y dos piedras como portería. Entonces México fue sancionado por el tema de los “cachirules”, postergando su participación hasta el mundial de “Estados Unidos 1994” donde Brasil se coronó campeón en la tanda de penales contra la selección italiana con el recordado penal fallado por Roberto Baggio.
“Italia 90”, fue un mundial de pocos goles, quizá lo más relevante fue lo que se vivió alrededor del partido entre Argentina e Italia, jugado en el estadio San Paolo de Nápoles, donde militaba Maradona: la figura mítica del Maradona dividió a los aficionados de la ciudad entre apoyar a los italianos o al ídolo Maradona. Italia es eliminada en penales, destacando en las atajadas Sergio Goycochea; el país nunca le perdonó a Maradona arrebatarles la copa de sus manos para perderla contra la unificada Alemania, pero esa es otra historia entre tantas de los mundiales de fútbol.
En “USA 1994” la selección mexicana fue eliminada por la vía de los penales por la selección de Bulgaria donde militaba el temperamental jugador Hristo Stoichkov. Luego siguió el mundial de “Francia 1998”, se perdió en octavos de final contra Alemania con los goles de Klinsmann y Bierhoff, por los nuestros anotó “el matador” Luis Hernández.
De Francia nos brincamos a “Korea-Japón 2002”; la selección brasileña nuevamente se coronó campeona del mundo por quinta ocasión de la mano de Ronaldo, Rivaldo, Ronaldinho y Kaká; la selección mexicana fue eliminada en octavos por Estados Unidos por un marcador de 2 a 0, fue la primera experiencia mundialista del técnico mexicano Javier “el vasco” Aguirre.
La siguiente sede mundialista en el 2006 fue en Alemania, la selección triunfadora fue la italiana con una destacada participación del defensa Fabio Cannavaro, al vencer en los penales a la Francia del mago Zinedine Zidane. Por su parte México fue eliminada en los octavos de final por la escuadra albiceleste por marcador de 2 a 1, dirigida por José Pékerman; este mundial tiene la peculiaridad del debut de Messi en estos eventos, y la despedida de Zidane.
De “Alemania 2006” nos brincamos al mundial de 2010 con sede en Sudáfrica; por primera vez se corona campeona “la furia” española con la base de jugadores del club Barcelona. Cómo olvidar la impecable atajada de Iker Casillas al holandés Arjen Robben y el gol de Andrés Iniesta para ganar la copa del mundo. México, dirigido nuevamente por Javier Aguirre, fue eliminado en octavos por la selección de Argentina, diseñada por Diego Armando Maradona; los pupilos de Ricardo Antonio La Volpe jugaron mejor, pero la albiceleste encajó tres, mientras la selección mexicana descontó con el gol de Javier “chicharito” Hernández.
En 2014 en Brasil, la maldición de los octavos continúa, esta vez contra Holanda y el “no era penal” de Rafa Máquez contra Arjen Robben; la final la disputaron las poderosas selecciones de Alemania y Argentina, con un Messi pletórico, encantador, maravilloso; en el alargue los teutones ganaron con un extraordinario gol de Mario Götze al controlar el balón con el pecho de un centro mandado por André Schürrle, para clavarla de volea en la portería defendida por Sergio Romero.
Llegamos al mundial de 2018 en Rusia, Francia conquista su segunda copa del mundo frente a Croacia por marcador 4 goles a 2. El colombiano Juan Carlos Osorio fue el estratega de la selección mexicana, lo destacable fue el triunfo de 1 a 0 sobre Alemania, quedando eliminada en los octavos por la selección brasileña con goles del virtuoso Neymar y Roberto Firmino.
El siguiente torneo se llevó a cabo en 2022 en Qatar, Argentina le gana en un juego espectacular a la selección francesa, la final más espectacular que me ha tocado ver en los mundiales. Los pupilos de Lionel Scaloni le pegaron un baile a la poderosa selección francesa durante setenta y cinco minutos, olvidado solamente por los goles del potente Kylian Mbappé para mandar el partido a los tiempos extras, y después a los penales. Nuestra selección no pasó la fase de grupo; perdió con Argentina, empató con Polonia y ganó a Sudáfrica.
Hemos sufrido tanto con la selección tricolor, que poco espacio queda para la ilusión, y menos para la alegría. Recién acaban de eliminarlo el pasado domingo 5 de julio, de local, contra la selección inglesa en los octavos de final.
La primera fase de este mundial fue un espejismo que ilusionó a buena parte de los aficionados mexicanos para saltar la valla de los octavos de finales. Es cierto, lucía bien frente a rivales débiles, faltaba ponerla a prueba contra una selección de primer nivel, con un poderío en la ofensiva que, sin duda, despejaría los calificativos optimistas asignados a la defensa mexicana y su equilibrada media cancha.
Desde mi perspectiva, México aprovechó la localía en los partidos de la primera fase; había un profundo conocimiento de la cancha, un público sediento de alegrías y desde luego la altura de la Ciudad de México, fueron factores que jugaron a favor para imponer el juego contra Sudáfrica, Korea del Sur y Chequia.
La lectura me había arrojado elementos que poco se mencionaron; la defensa era buena porque no la habían atacado; la delantera no anotaba (salvo Raúl Jiménez), sino los que venía de atrás, por momentos se encerraba; en otros, buscaba el resultado.
México ganó los tres partidos sin sobresaltos, en la siguiente ronda se enfrentó a Ecuador, sin ser exigido como se esperaba. Nuestra selección pasó a los octavos de final y se enfrentó a Inglaterra; el ambiente se respiraba un aire triunfalista, los argumentos futbolísticos versaban sobre la importancia de la altura como factor de peso para contrarrestar las cualidades de los jugadores ingleses. ¿Y si la altura no es suficiente, de qué se va a echar mano?
Thomas Tuchel planteó un juego donde pudiera administrar el rendimiento físico de los jugadores de Inglaterra; se replegó cediéndole la pelota a los mexicanos, dejándose atacar para sorprenderlos con los contragolpes. En efecto, los huecos dejados por los mexicanos fueron aprovechados para dar dos zarpazos en la portería de «el tala” Rangel.
Me propendió que México no se desmoronara por los dos goles en contra, buscó el arco del rival con empuje y gallardía hasta conseguir beneficios con el gol de Julián Quiñones. Después, un error en la defensa permite el mano a mano de Anthony Gordon con Raúl “Tala” Rangel, provocando el penal y anotado por Harry Kane.
Al minuto 53 se expulsa al defensa inglés Jarell Quansah, y al minuto 69 anota Raúl Jiménez por la vía del penal. El resto del partido, más los once minutos agregados, no fueron suficientes para buscar las variantes dentro de la cancha; ante una mermada Inglaterra, por la altura y el jugador menos, México fue incapaz de revertir el resultado.
Se hizo lo que no debería hacerse, abusar de los centros al área de los ingleses, puesto que sus jugadores son altos y fuertes; se estableció la monotonía en el ataque, facilitándole el trabajo a la defensa; ni el “Piojo” Alvarado ni Jesús Gallardo tuvieron profundidad por las bandas, tampoco Fidalgo filtró pases entre las líneas, ni “Chaquito” Giménez como “Memote” Martínez marcaron diferencias, dependen de las pelotas que les den, y a modo no hubo balones para anotar.
A México le faltó atrevimiento, tenía a merced a Inglaterra, no supo cómo hacerle daño, le faltó la chispa, la picardía, la gambeta. Nuevamente fuera en octavo de finales, nuevamente el “ya merito”, el ¡y si sí!, se convirtió en un rotundo no.
Difícilmente se presentará un escenario como el partido contra Inglaterra para ganarle en esta fase a una selección de primer nivel. México fue valiente, empujó, controló el partido, y mereció más, pero no concretó, le faltaron los jugadores distintos, los que rompen el esquema estratégico del rival, los desobedientes del fútbol lineal, como en la maquiladora, sólo haces una cosa, no dos o tres.
Aguirre se quedó corto en su visión, y con él los jugadores, volvemos a nuestra realidad, donde hemos pertenecido siempre y, donde, si no se restructura este deporte priorizando la formación de los jugadores por encima del negocio, no saldremos de este atolladero y vicio perpetuo de ilusionar para luego fracasar.
No basta ser primer lugar en la fase de grupo, no basta ser locales, no basta tener la altura a favor, no basta el apoyo del público (que siempre se desboca), no basta si el técnico es mexicano o de otra nacionalidad, no basta si juega en La Liga local o en Europa, no basta si las instalaciones deportivas son del primer mundo, no basta vendernos los jugadores como si fueran héroes nacionales, no basta suspender las clases (¡en mi escuela no suspendieron!), no basta la infinidad de comerciales hechos por los jugadores, no basta el pleito de las televisoras por transmitir los partidos, no basta si al jugador se le ve como mercancía y al público como consumidor de esas mercancías. Habría que reestructurar el modelo deportivo del fútbol mexicano, la mentalidad ante los grandes desafíos ya abordados por César Luis Menotti en su gestión en 1991, y después por Ricardo Antonio La Volpe en el 2006.
Que la pelota no se manche, como expresara en su despedida del fútbol Diego Armando Maradona, el defensor del juego como expresión popular y cultural. Al día de hoy, como quedó macado por la intromisión de Trump para quitar una tarjeta roja del jugador de Estados Unidos y poder jugar contra Bélgica (ni con eso le alcanzó), y los dirigentes de la FIFA aceptando esa solicitud.
Política y fútbol es igual a corrupción; si en los altos niveles la política impone su agenda al torneo mundialista, qué se puede esperar en las competiciones continentales o en las ligas de cada país. Las pausas de hidratación, los patrocinadores del mundial, sus embajadores, todo parece indicar que el negocio importa más que el espectáculo. Por muchos años el balón rodará hasta soltar el lodo que la envuelve, mientras tanto, a seguir trabajando con los niños y adolescentes para desarrollarlos futbolística y mentalmente, y que el fútbol siga siendo el deporte por donde los pueblos expresan su esencia cultural.




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