Hay cosas que en el fútbol pueden pasar y que forman parte de cualquier competencia. Un partido se puede cambiar de horario, una cancha puede no estar disponible, un equipo puede tener algún problema para viajar o incluso pueden existir circunstancias que obliguen a modificar un calendario.

Lo que no debería cambiar nunca es la claridad con la que se toman esas decisiones.

Y eso es precisamente lo que me deja muchas dudas después de lo ocurrido con el partido que este domingo debían disputar Camaroneros de Escuinapa y Silleros de Concordia en el Estadio Perla Camaronera.

El encuentro estaba programado para jugarse el domingo 20 de septiembre. De hecho, la programación publicada después de la cuarta jornada colocaba a Camaroneros recibiendo a Silleros en Escuinapa.

Pero el viernes por la tarde apareció el oficio de Silleros de Concordia solicitando que el partido fuera reprogramado para otra fecha.

Y aquí viene el primer detalle que no termino de entender.

El oficio pide la reprogramación, pero no explica el motivo.

No dice que tengan problemas con el traslado. No habla de lesiones. No menciona compromisos previamente adquiridos. No señala problemas con la cancha. No habla de cuestiones económicas. No explica que tengan alguna dificultad con su plantilla.

Simplemente solicita que no se juegue.

Y la Liga Regional, a través de su presidente, acepta rápidamente la petición y posteriormente se informa que el partido queda pospuesto.

Hasta ahí podría decirse que es una decisión administrativa y que la Liga tiene facultades para resolver este tipo de situaciones. El problema comienza cuando el otro equipo también tiene algo que decir y, sobre todo, cuando pide explicaciones que hasta ese momento nadie había dado.

Camaroneros no salió inmediatamente a hacer un escándalo. Esperó. Pero el sábado su delegado, Benito Gutiérrez, presentó un escrito dirigido a la mesa directiva de la Liga Regional en el que manifiesta su inconformidad por la forma en que se tomó la decisión y pide que se dé una solución.

Y aquí aparece un punto delicado.

Camaroneros señala que existen indicios de que una de las posibles razones para solicitar la suspensión estaría relacionada con la imposibilidad de Silleros para contar con algunos de sus jugadores refuerzos.

Ojo. Eso es una posibilidad planteada por Camaroneros, no un hecho que yo pueda afirmar. Y precisamente por eso creo que la Liga debería salir y explicar qué sucedió.

Porque si la razón fue otra, que la diga.

Si hubo un problema legítimo, que se explique.

Si Silleros tenía una circunstancia que le impedía jugar, que se conozca.

Y si simplemente se trató de una decisión administrativa autorizada por la Liga, también debería decirse.

Lo que no me parece sano para una competencia que quiere crecer es que los equipos y los aficionados tengan que empezar a sacar conclusiones porque los documentos no explican las cosas.

Pero hay algo que me llama todavía más la atención.

Camaroneros presentó una propuesta concreta para resolver el problema. Su delegado plantea dos alternativas. Una es jugar el partido el próximo domingo en Escuinapa. La otra es utilizar el Estadio Perla Camaronera para disputar ahí el partido de la Jornada 6, aunque en esa fecha a Camaroneros le corresponde visitar a Mineros de El Rosario.

Es decir, Camaroneros no solamente está diciendo «no estoy de acuerdo». Está poniendo sobre la mesa opciones para solucionar el problema.

Y hasta el momento, la respuesta no llega.

Ahí es donde uno empieza a preguntarse qué está pasando dentro de la Liga Regional.

Porque para una solicitud que llegó el sábado se encontró una solución prácticamente inmediata. En cambio, cuando el equipo afectado presenta su inconformidad y solicita una definición, la respuesta se está tardando considerablemente más.

Y esa diferencia en los tiempos es la que genera suspicacias.

No estoy diciendo que la Liga esté favoreciendo a Silleros. No tengo elementos para afirmarlo y sería irresponsable hacerlo.

Pero tampoco creo que sea correcto ignorar la percepción que esto está generando.

En una liga nueva, donde apenas se está construyendo credibilidad, las formas importan muchísimo. Cada decisión deja un precedente. Cada modificación al calendario tiene que tener una explicación. Y cada equipo debería sentir que las reglas son las mismas para todos.

Porque si mañana otro club solicita cambiar un partido sin explicar el motivo, ¿se le va a autorizar de la misma manera?

Esa es la pregunta que debería responder la Liga.

Y hay algo todavía más importante. Esta competencia no solamente se juega dentro de la cancha. También se juega en la organización.

La Liga Regional del Sur de Sinaloa ha sido presentada como un proyecto que busca unir a equipos y municipios, generar convivencia y hasta impulsar el turismo deportivo en la región. Precisamente por eso, la organización tiene que estar a la altura de lo que se pretende construir.

No se trata de darle la razón a Camaroneros ni de quitársela a Silleros.

Se trata de algo mucho más sencillo.

Que todos sepan por qué se toman las decisiones.

Si Silleros tuvo una razón válida para pedir la reprogramación, perfecto. Si la Liga consideró que esa razón era suficiente, también. Pero entonces que se explique.

Porque cuando una petición se resuelve rápidamente y la inconformidad del otro lado tarda en recibir respuesta, inevitablemente empiezan las preguntas.

Y en el fútbol, cuando las preguntas se quedan sin respuesta, aparecen las versiones.

Después vienen los rumores.

Y finalmente cada quien termina contando su propia historia.

La Liga Regional todavía está a tiempo de evitar eso.

Tiene la palabra.

Y más que una palabra, tiene una responsabilidad: explicar por qué se suspendió el partido, qué solución se le dará a Camaroneros y bajo qué criterios se están tomando estas decisiones.

Porque una competencia puede tener grandes jugadores, buenos equipos, estadios llenos y partidos emocionantes.

Pero si algo termina haciendo la diferencia entre una liga que crece y una que se queda en el intento, es la manera en que se toman las decisiones cuando las cosas se complican.

Y en este caso, la pelota lleva un día sin rodar.

Pero las preguntas ya están jugando su propio partido.

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