Por Puro Gusto de Karol Navarro

Hay resultados que se celebran por una medalla y hay otros que merecen reconocerse por todo lo que hay detrás de ellos. Lo que hizo Isaac del Toro en el Campeonato Mundial de Ruta de Montreal pertenece a esa segunda categoría. El mexicano terminó en el quinto lugar del mundo, a tan solo 14 segundos del campeón, después de una carrera de esas que ponen a prueba no solamente las piernas, sino también la cabeza, la resistencia y la capacidad de competir cuando las circunstancias no están de tu lado. Y aunque el ciclismo se mide en tiempos, posiciones y medallas, hay actuaciones que no necesitan subir al podio para dejar claro de qué está hecho un corredor.

La prueba no era cualquier cosa. Fueron 273.7 kilómetros, 3 mil 803 metros de desnivel acumulado y 12 vueltas al exigente circuito del Mont-Royal, en Montreal, Canadá. Una carrera larga, desgastante y con un recorrido que no perdonaba errores. Pero para Isaac el verdadero problema no estuvo solamente en las subidas ni en la distancia. México se fue quedando sin corredores mucho antes de llegar a la parte decisiva, hasta que el Torito de Ensenada tuvo que afrontar más de 100 kilómetros prácticamente solo, mientras otras selecciones todavía podían apoyarse en varios compañeros para controlar el ritmo, cerrar espacios y preparar sus movimientos.

Y ahí es donde, para mí, comienza a tomar otra dimensión lo que consiguió Del Toro.

Porque una cosa es competir contra los mejores ciclistas del planeta y otra muy distinta es hacerlo sin el respaldo de un equipo que pueda ayudarte a resolver los momentos complicados de la carrera. Mientras selecciones como Estados Unidos, Bélgica y Países Bajos podían distribuir el trabajo entre varios corredores, Isaac tenía que estar pendiente de todo. Tenía que responder a los ataques, cuidar su posición, administrar sus fuerzas y encontrar la manera de mantenerse en la pelea sin gastar más de lo necesario. En una carrera de este nivel, cada esfuerzo cuesta y cada decisión puede marcar la diferencia entre pelear por el podio o quedarse fuera de la discusión.

Sin embargo, el mexicano no se escondió. Atacó cuando tuvo oportunidad, respondió cuando la carrera se rompió y se mantuvo entre los protagonistas hasta el final. No tenía un equipo completo que lo protegiera, pero sí tenía las piernas y la personalidad para seguir peleando. Y eso es lo que más me llama la atención de su actuación. No fue un corredor que simplemente resistió para llegar a la meta. Fue un ciclista que se metió en la pelea, que obligó a sus rivales a tomarlo en cuenta y que terminó cruzando la línea de llegada en el quinto puesto de un Mundial que reunió a los mejores del planeta.

Claro que el resultado de Brandon McNulty también merece su reconocimiento. El estadounidense, compañero de Isaac en UAE Team Emirates, supo aprovechar el momento decisivo para quedarse con el campeonato. En una carrera de esta naturaleza, saber cuándo atacar y cuándo esperar forma parte del ciclismo, y McNulty encontró la oportunidad que necesitaba para vestirse con el maillot arcoíris. Se puede hablar de las circunstancias que rodearon su victoria, pero eso no le quita mérito a lo que consiguió. Ganar un Campeonato Mundial de Ruta no es cualquier cosa y hacerlo frente a corredores de semejante nivel tiene un valor enorme.

Pero mientras el campeón levantaba los brazos, del otro lado de la historia estaba un mexicano que también había dejado una huella importante. Isaac del Toro terminó por delante de nombres que llegaban con la etiqueta de favoritos y confirmó que ya no es solamente una promesa del ciclismo internacional. Es un corredor capaz de competir de tú a tú con los mejores, de sostenerse en una carrera de máxima exigencia y de pelear por los primeros lugares incluso cuando las condiciones no son las ideales.

Y aquí es donde creo que debemos detenernos un momento para dimensionar lo que significa este resultado para México. Durante muchos años, el ciclismo mexicano ha tenido que abrirse camino con recursos limitados, con menos presencia en las grandes competencias y con una estructura que no siempre ha permitido que sus talentos alcancen todo su potencial. Por eso, cuando aparece un corredor como Del Toro y consigue un quinto lugar mundial en estas condiciones, la conversación no debería quedarse solamente en lo cerca que estuvo de una medalla. También tendríamos que preguntarnos qué necesita el ciclismo mexicano para que actuaciones como esta no sean excepcionales, sino parte de una historia que apenas comienza a escribirse.

Porque Isaac ya demostró que tiene la capacidad de competir en la élite. Lo que sigue es construir alrededor de ese talento. Darle continuidad, fortalecer el trabajo de formación y procurar que las nuevas generaciones encuentren caminos para llegar a las grandes competencias. No podemos conformarnos con celebrar a un atleta cuando consigue un resultado extraordinario y después olvidarnos de todo lo que hace falta para que otros puedan seguir sus pasos.

Hoy no hubo maillot arcoíris para México, pero sí hubo una actuación que merece ser reconocida. Isaac del Toro se metió entre los cinco mejores del mundo en una carrera durísima, a pocos segundos del campeón y después de pasar buena parte del recorrido sin el respaldo de sus compañeros. No ganó, es cierto, pero tampoco salió derrotado. Se fue de Montreal con una demostración de carácter, con experiencia de la que no se consigue en cualquier carrera y con la certeza de que puede mirar de frente a los grandes nombres del ciclismo mundial.

Y si algo me deja esta actuación es una idea muy clara. A veces, para demostrar que perteneces a la élite, no necesitas ganar. Basta con plantarte frente a los mejores, competir en sus mismas condiciones y obligarlos a reconocer que ahí estás.

Esta vez Isaac del Toro no se llevó el arcoíris. Pero dejó claro que el futuro del ciclismo mexicano tiene nombre y apellido.

Y apenas estamos viendo de lo que es capaz el Torito de Ensenada.

Deja una respuesta