Con todo respeto para la fase de grupos, para mí el verdadero Mundial comienza hoy.

Se acabaron los cálculos.

Se acabaron las especulaciones sobre cuántos puntos se necesitan para avanzar.

Se acabó eso de que una derrota puede corregirse en el siguiente partido.

A partir de ahora, perder significa hacer maletas y regresar a casa.

Por primera vez en la historia de una Copa del Mundo tendremos una ronda de dieciseisavos de final. Todavía me cuesta acostumbrarme al nombre, pero la realidad es muy sencilla. Ya solamente quedan 32 selecciones con vida y cada partido se convierte en una final adelantada.

Es aquí donde nacen las leyendas.

Es aquí donde aparecen las sorpresas.

Es aquí donde los favoritos descubren que la historia no gana partidos y que el prestigio no anota goles.

Y es aquí donde los aficionados comenzamos a sufrir de verdad.

Porque una cosa es ver un encuentro de fase de grupos y otra muy distinta es sentarse frente al televisor sabiendo que noventa minutos pueden terminar con el sueño de todo un país.

Por eso me atrevo a compartir mis pronósticos.

Y sí, sé perfectamente que dentro de unos días varios de ellos podrían quedar hechos pedazos. Pero esa es precisamente la magia de los mundiales. Ninguna otra competencia deportiva tiene la capacidad de sorprender como lo hace una Copa del Mundo.

Si hoy me preguntan quiénes son mis principales candidatos al título, tengo dos respuestas.

La primera es Argentina.

Porque mientras Lionel Messi siga caminando una cancha de fútbol, resulta imposible descartarlos.

He aprendido a no apostar jamás contra el mejor futbolista que he visto jugar.

Argentina tiene experiencia, personalidad y una generación que entiende perfectamente cómo competir cuando llegan los partidos de vida o muerte. Además, parece haber encontrado nuevamente esa conexión emocional que convirtió al equipo campeón de Qatar en una selección tan difícil de derrotar.

Mi otro gran candidato es Países Bajos.

Quizá porque representa todo lo que me gusta ver en un equipo de fútbol.

Orden.

Disciplina.

Talento.

Y una generación que parece haber encontrado el equilibrio perfecto entre juventud y experiencia.

No llega cargando la presión mediática de otras potencias y precisamente por eso me parece uno de los equipos más peligrosos que siguen en carrera.

Si hoy tuviera que apostar, diría que la Copa terminará en manos de Argentina o de Países Bajos.

Y ahora sí, aquí van mis gallos para esta ronda.

Canadá eliminará a Sudáfrica.

Japón dará la sorpresa y dejará fuera a Brasil.

Alemania avanzará sobre Paraguay.

Países Bajos eliminará a Marruecos en uno de los partidos más atractivos de la ronda.

Noruega superará sin demasiados problemas a Costa de Marfil.

Francia impondrá su jerarquía frente a Suecia.

México sufrirá muchísimo, pero terminará derrotando a Ecuador.

Inglaterra avanzará sobre República Democrática del Congo.

Senegal eliminará a Bélgica.

Estados Unidos superará a Bosnia.

España dejará fuera a Austria.

Croacia volverá a demostrar que nunca se le puede descartar y eliminará a Portugal.

Suiza avanzará frente a Argelia.

Egipto derrotará a Australia.

Argentina hará valer toda su calidad frente a Cabo Verde.

Y Colombia eliminará a Ghana.

Como pueden ver, traigo algunas apuestas arriesgadas.

Especialmente Japón sobre Brasil, Senegal sobre Bélgica y Croacia sobre Portugal.

Pero si algo nos ha enseñado la historia de los mundiales es que las sorpresas no son accidentes.

Son parte del torneo.

Siempre aparece una selección que rompe quinielas.

Siempre cae un gigante antes de tiempo.

Siempre existe una historia inesperada que termina robándose la atención del planeta.

Por ahora mantengo intacta mi ilusión.

Veo a Argentina y a Países Bajos como los principales candidatos al título.

Creo que México tiene argumentos para soñar con unas semifinales.

Y estoy convencido de que más de uno de estos pronósticos terminará destrozado antes de una semana.

Porque así es el Mundial.

El torneo donde los expertos se equivocan, los soñadores sobreviven y los aficionados volvemos a creer que cualquier cosa es posible.

Ahora sí.

Que ruede el balón.

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