Pocas cosas generan tanta expectativa dentro de una comunidad deportiva como la recuperación de un espacio que durante años formó parte de su identidad.

Por eso cuando las puertas del Gimnasio Municipal volvieron a abrirse, la noticia fue recibida con entusiasmo por jugadores, entrenadores, padres de familia y aficionados al baloncesto en Escuinapa.

Parecía el inicio de una nueva etapa.

Parecía que por fin uno de los deportes con mayor tradición en el municipio volvería a tener un hogar digno para desarrollar sus actividades.

Parecía.

Porque la ilusión duró muy poco.

Hoy nuevamente las instalaciones permanecen cerradas y con ello regresan las mismas dificultades que durante meses han enfrentado quienes practican este deporte.

Y quizá eso es lo que más duele.

No solamente el cierre.

Sino la esperanza que se había generado.

El baloncesto escuinapense ha demostrado una y otra vez su capacidad para sobrevivir a las adversidades.

Lo ha hecho sin grandes apoyos.

Lo ha hecho organizando torneos.

Lo ha hecho formando nuevas generaciones de jugadores.

Lo ha hecho gracias al esfuerzo de promotores, entrenadores y ciudadanos que siguen creyendo en el deporte como una herramienta para construir comunidad.

Sin embargo, llega un momento en que la voluntad ya no es suficiente.

Porque ningún deporte puede desarrollarse adecuadamente sin espacios apropiados.

Y hoy la realidad obliga nuevamente a trasladar la actividad a la cancha ubicada junto a la Presidencia Municipal.

Una cancha que, siendo honestos, apenas resulta utilizable para albergar la cantidad de partidos, equipos y actividades que demanda el baloncesto local.

Quienes practican este deporte lo saben.

Los jugadores lo saben.

Los organizadores lo saben.

Los aficionados lo saben.

No es el escenario ideal.

Ni siquiera se acerca a serlo.

Pero como tantas otras veces, el baloncesto tendrá que adaptarse.

Y eso también dice mucho de quienes forman parte de esta comunidad.

Porque a pesar de las limitaciones, los torneos continuarán.

A pesar de las dificultades, los equipos seguirán compitiendo.

A pesar de la falta de condiciones óptimas, los jóvenes seguirán encontrando en el deporte una alternativa positiva para ocupar su tiempo y desarrollar sus habilidades.

Eso merece reconocimiento.

Sin embargo, también es válido preguntarse cuánto tiempo más deberán seguir conformándose con soluciones temporales.

Porque los espacios deportivos no son un lujo.

Son una necesidad.

Representan convivencia.

Representan salud.

Representan formación.

Representan oportunidades para cientos de niños y jóvenes.

Y cuando una comunidad pierde o limita el acceso a esos espacios, inevitablemente pierde algo más que una instalación.

Pierde oportunidades de encuentro.

Pierde momentos de convivencia.

Pierde una parte importante de su vida social.

Por eso la decepción es comprensible.

Porque durante algunos días la comunidad basquetbolera volvió a imaginar un futuro distinto.

Volvió a imaginar torneos en mejores condiciones.

Volvió a imaginar gradas llenas.

Volvió a imaginar el ruido del balón rebotando dentro de un gimnasio que durante años fue símbolo del deporte escuinapense.

Hoy esa posibilidad vuelve a quedar en pausa.

Pero si algo ha demostrado el baloncesto local es que sabe resistir.

La pregunta es si algún día dejará de ser necesario resistir para empezar simplemente a crecer.

Deja un comentario

Nuestros increíbles patrocinadores