Hace unos días escribí en este mismo espacio sobre lo bien que se veían los nuevos campos de fútbol llenos de niños jugando, esperando su turno para entrar a la cancha y disfrutando del deporte junto a sus amigos. También reconocí el acierto de los organizadores al involucrar a los padres de familia para que fueran ellos quienes ayudaran a que los niños acudieran y participaran en el torneo.

Y sigo creyendo que fue una buena decisión.

El deporte infantil necesita de los papás. Necesita que lleven a sus hijos, que los acompañen, que los animen y que estén presentes. El problema no es la participación de los adultos. El problema es cuando algunos olvidan que quienes están jugando son niños.

Desgraciadamente, mi percepción comenzó a cambiar muy rápido.

Soy papá de un niño que participa con su escuela en el torneo. Voy a los partidos para apoyarlo y disfrutar el momento. Trato de no involucrarme demasiado y simplemente acompañarlo en algo que le gusta hacer. Como yo, hay muchos padres que hacen exactamente lo mismo.

Pero también hay escenas que sinceramente preocupan.

En uno de los partidos me tocó escuchar cómo un papá del equipo rival le gritaba a su hijo que evitara a toda costa que les anotaran gol. Hasta ahí, todo parecía parte de la emoción normal del juego. Pero después vino un “si lo tienes que tumbar, túmbalo”.

Me quedé helado.

Pensé que quizá había sido un comentario impulsivo producto de la adrenalina. Pero segundos después volvió a insistir. “Túmbalo, túmbalo, que no te lleve”.

Y ahí entendí que no era emoción. Era un adulto enseñándole a un niño que ganar vale más que jugar limpio.

Sinceramente, no creo que eso le haga bien a ningún niño.

El problema es que no parece ser un caso aislado.

Esta semana comenzó a circular en redes sociales y grupos de WhatsApp una imagen que aparentaba ser un comunicado oficial del comité organizador de las ligas infantiles y juveniles. En él se pedía a los padres de familia comportarse adecuadamente durante los partidos.

Después surgió otra versión todavía más delicada. Según lo comentado por varias personas, un adulto habría acosado verbalmente a un jugador infantil diciéndole que “era igual de malo que su papá”.

Si realmente ocurrió, es gravísimo.

Porque una cosa es apasionarse y otra muy distinta es humillar a un niño desde las gradas. Ningún adulto debería sentirse con derecho de insultar, presionar o intimidar a menores en un torneo formativo.

Hablamos con un integrante del comité organizador y confirmó que el comunicado sí fue emitido por ellos. Explicó que el objetivo es prevenir situaciones que puedan salirse de control y pedir que las porras apoyen de manera mesurada, sin insultos hacia los niños.

También aclaró que el comunicado no surgió por un incidente específico, sino como una medida preventiva. Y qué bueno que lo hagan antes de que ocurra algo más grave.

Porque el problema es real.

Muchos adultos están convirtiendo partidos infantiles en escenarios de frustración personal. Gritan, reclaman, insultan árbitros y presionan a niños como si estuvieran disputando una final profesional.

Se les olvida algo muy simple.

Los niños no están ahí para cumplir sueños pendientes de los papás. Están ahí para aprender, convivir y divertirse.

Habrá quienes sueñen con ser Lionel Messi, Cristiano Ronaldo o Lamine Yamal. Pero antes de todo eso, quieren jugar con sus amigos, meter goles, reírse y disfrutar el deporte.

Y los adultos deberíamos ayudar a que eso ocurra, no arruinarlo desde las gradas.

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