Aunque oficialmente el árbitro todavía no pita el arranque del proceso electoral, en Escuinapa ya comenzó el calentamiento político rumbo al 2027. Y como suele pasar en los municipios donde nadie tiene asegurado el campeonato, los equipos ya empezaron a mover piezas, probar alineaciones y medir cómo responde la afición.
La lista de posibles aspirantes a la alcaldía que comenzó a circular en días recientes no debe verse como un simple chisme de café o como una ocurrencia de redes sociales. En política las listas nunca aparecen por accidente. Cada nombre filtrado tiene intención, estrategia y cálculo.
Algunos buscan medir aceptación. Otros quieren recordar que siguen vivos en el torneo. Y varios simplemente intentan que no los saquen de la conversación antes de tiempo.
Morena aparece con la plantilla más amplia. Carlos Regalado, Malena Hernández, Daniel Uribe, Jorge Hariz Piña, Blanca Alvarado, Trinidad Ibarra y José Alberto Jaime Ruezgas empiezan a sonar en la cancha política local. Sobre el papel parece un equipo con banca larga y suficientes variantes para competir.
Pero en el futbol y en la política hay algo que siempre termina pesando más que la cantidad de nombres. El vestidor.
Porque cuando un equipo tiene demasiados jugadores queriendo portar el gafete de capitán, el riesgo de fractura aumenta. Y Morena tendrá que cuidar precisamente eso. Que las disputas internas no terminen convirtiéndose en autogoles.
Hay perfiles que parecen operar mejor el juego territorial, esos que conocen colonias, comunidades y liderazgos naturales. Otros intentan conectar más con sectores ciudadanos o sociales. También aparecen figuras que buscan vender experiencia, relaciones o capacidad administrativa.
Pero una cosa es dominar el entrenamiento y otra muy distinta aguantar la presión cuando el estadio está lleno y la afición empieza a exigir resultados.
El caso de Trinidad Ibarra resulta particularmente interesante porque aparece calentando en más de una cancha. Su nombre suena tanto en escenarios de Morena como del PAN. Y eso políticamente manda señales importantes.
En términos futboleros, es ese jugador que todavía no define camiseta porque varios clubes creen que puede aportar experiencia o equilibrio en media cancha.
Eso puede interpretarse como capacidad de diálogo, como habilidad para negociar o incluso como muestra de que los partidos todavía no tienen clara su alineación titular rumbo al 2027.
En el PRI la situación también merece revisión en el VAR.
Aida Alduenda, Roy Padilla, Adrián Vizcarra y Francisco Millán Belmonte representan a un partido que todavía conserva estructura, memoria política y algunos cuadros con experiencia. El problema es que el electorado ya no compra boletos únicamente por tradición.
Hoy la afición es más exigente.
Los apellidos pesan menos que antes y las campañas bonitas ya no alcanzan para esconder malos gobiernos o partidos desconectados de la realidad social.
Adrián Vizcarra carga un apellido conocido regionalmente, algo que todavía puede influir en municipios pequeños donde las estructuras familiares y políticas siguen teniendo peso. Pero también es cierto que hoy muchos ciudadanos ya no votan automáticamente por historia o apellido.
Y ahí está el verdadero reto del PRI. Demostrar que todavía puede competir sin depender únicamente de la nostalgia de tiempos pasados.
El PAN, mientras tanto, parece seguir apostando al desgaste de Morena. Y aunque el desgaste existe, eso por sí solo no garantiza triunfos.
En futbol no ganas partidos solamente esperando que el rival falle penales.
Acción Nacional necesita algo más que jugar al contragolpe político. Necesita discurso local, cercanía ciudadana y una propuesta que conecte con los problemas reales de Escuinapa. Porque una elección municipal se gana hablando de agua potable, calles, servicios públicos, desarrollo económico y seguridad… no únicamente repitiendo debates nacionales.
Movimiento Ciudadano aparece como ese equipo que quiere venderse como la sorpresa del torneo. Pablo Contreras y Ana Luisa Bautista representan un intento por captar el voto inconforme, especialmente entre ciudadanos cansados de las viejas disputas partidistas.
El problema para MC será convertir simpatía en estructura.
Porque en política, igual que en el futbol mexicano, no basta con tocar bonito el balón si no sabes definir frente al arco.
Y luego está el Partido Verde, que entiende perfectamente cómo jugar los torneos largos.
Quizá no siempre encabeza las encuestas, quizá no siempre luce como favorito, pero suele terminar siendo pieza importante en las negociaciones, las alianzas y los acomodos finales. Félix Crespo y Lucía Oceguera aparecen dentro de esa lógica de crecimiento gradual y presencia estratégica.
Pero más allá de los nombres, hay algo mucho más importante que esta lista deja al descubierto.
Hoy en Escuinapa no existe un liderazgo dominante rumbo al 2027.
No hay un candidato que llegue como líder goleador.
No hay un equipo que tenga asegurado el pase a la final.
Y cuando eso ocurre, cualquier error puede cambiar el marcador.
La ciudadanía escuinapense ya no observa la política igual que antes. La gente empieza a medir quién tiene capacidad real, quién conoce el municipio, quién entiende los problemas de las comunidades y quién solamente anda buscando tomarse la foto para salir en campaña.
Porque gobernar Escuinapa no será sencillo.
Quien llegue a la alcaldía recibirá un municipio con rezagos, exigencias sociales, necesidades económicas y una ciudadanía mucho más crítica que hace algunos años.
Por eso el 2027 no debería reducirse a una simple pelea de nombres o grupos políticos.
La verdadera revisión en el VAR será descubrir quién realmente quiere gobernar para servir y quién solamente quiere levantar la copa del poder.
Y cuidado. Porque la afición podrá perdonar una mala temporada.
Lo que ya no está dispuesta a tolerar es que le sigan vendiendo humo desde la cancha política.





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